Nuestro cuerpo después de los 30 años

Indudablemente, nuestro cuerpo cambia acorde pasamos de una época de la vida a otra. Las primeras dos décadas de la vida son donde hay cambios más obvios: de ser un niño recién nacido incapaz de varias cosas pasamos a la niñez, la edad escolar llena de energía, la adolescencia con sus variantes hormonales y sentimentales, y por último a la adultez. Esta es la etapa más extendida de la vida y además hay cambios significativos metabólicos y hormonales que chocan todos los órganos de nuestro cuerpo de manera simultánea.

Tasa metabólica basal

La tasa metabólica basal es la cantidad mínima de energía que requerimos para sostener las funcionalidades simples corporales: cerebro, hígado y la respiración. Acorde la edad cambia, la tasa metabólica basal decrece paulatinamente (2% por década). Osea, un individuo que mantiene los mismos hábitos alimenticios y físicos de los años veinte, en los treinta va a encontrar que lentamente sube de peso.

Pérdida celular

El cuerpo humano está compuesto por múltiples tejidos: grasa, tejidos magros como son los músculos y los órganos, huesos, y una proporción muy sustancial de agua (45-60%). Al llegar a los 30 años comenzamos a perder tejidos de manera natural e involuntaria; no únicamente músculo que se reemplaza por grasa, sino minerales y consistencia de nuestros huesos, inclusive los órganos como hígado, riñones y el cerebro disminuyen su aptitud de regeneración y empiezan a perderse células vitales.

Grasa corporal

La proporción de grasa en el cuerpo incrementa de manera progresiva desde los 30 años, y se nuclea en la parte central del cuerpo, osea, el abdomen, y también cerca de los órganos internos. No obstante, la cubierta de grasa superficial que está instantáneamente abajo de la piel se va adelgazando, realizando que la piel se vea más delgada y menos abultada y estable.

Huesos y articulaciones

Otro desarrollo que inicia cerca de los 30 años es la inclinación a perder altura, consecuencia de cambios en huesos, músculos y articulaciones. En promedio perdemos 1 centímetro cada 10 años luego de los 40 años, y este desarrollo se hace más rápido al llegar a los 70 años, perdiéndose de 3 a 4 centímetros desde los 25 hasta los 75 años. Las articulaciones, compuestas por cartílago y tendones, sufren un desarrollo de deshidratación que las hace más rígidas y menos flexibles. Por lo cual desde los 30 años nos es más complicado llevar a cabo cierto tipo de movimientos, como estiramientos y flexiones, que nos tienen la posibilidad de provocar un desgarro o contracción muscular.

Peso

El peso del cuerpo total varía con los años, tanto por los cambios en la tasa metabólica basal como en la producción hormonal. Se empieza a ganar peso desde la década de los treinta hasta los sesenta, y más adelante se comienza a perderlo debido a que se reemplaza músculo por grasa, la cual pesa menos.

Hormonas

Para las mujeres, la década de los treintas son todavía parte sustancial de la etapa reproductiva, pero además son el comienzo de la perimenopausia, un tiempo de reducción en la producción de óvulos y modificaciones hormonales. Entonces, aunque paradójico, hay variantes en los estrógenos y la progesterona que desarrollan cambios de humor y sensibilidad, bochornos y pérdida de memoria. Además es el tiempo de la vida en que algunas condiciones similares a los cambios hormonales, como son la endometriosis y los fibromas uterinos, tienen su pico.

Para los hombres, los cambios hormonales inician después (a media parta de los 40 o cincuenta) y son por reducción en la testosterona, la cual impulsa la energía y líbido, crea producción de masa muscular, y mantiene la concentración y seguridad emocional.

Piel

Siendo este el órgano más riguroso y la primordial ventana al exterior del organismo, es evidentemente donde empiezan a notarse los cambios corporales. Como producto de la reducción de agua corporal y grasa cutánea, empieza a haber flacidez, pérdida de elasticidad y turgencia de la piel, y la aparición de arrugas y surcos. Además, la exposición intensa al sol de la adolescencia y la adultez temprana deja su marca con pecas, manchas de sol y cambios de pigmentación.

Quizás para este instante ya sientes depresión y preocupación absoluta. Espera, hay algunas cosas que se tienen la posibilidad de llevar a cabo para contrarrestar todos estos cambios:

– Integrar en la rutina física ejercicios que estimulen la producción de masa muscular, oséa, hacer pesas o ejercicios isométricos como son pilates o calisténicos.

– Periódicamente se sugiere llevar a cabo ejercicios de estiramiento y elasticidad como son yoga o tai chi para sostener las articulaciones flexibles y suaves.

– Bajar el consumo de comestibles con grasas saturadas y azúcares sencillos, y recalcular la ingesta calórica necesaria según nuestra edad, peso y educación física.

– Usar todos los días un bloqueador del sol y una aceptable crema hidratante con vitaminas y antioxidantes para contrarrestar la falta de humedad de la piel.

– Ayudar periódicamente al médico: en las mujeres es de especial consideración la visita al ginecólogo para comprobar los órganos reproductivos y la autoexploración de los senos.

– Balancear las responsabilidades familiares, expertos y personales; ofrecernos tiempo para hacer ocupaciones de esparcimiento con la misma prioridad que las obligaciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *